Quiero ser guerrero

Comenzaré pidiendo disculpas a mis pocos lectores por este letargo en la realización de mis artículos, pero la presión de la llegada de las vacaciones y el desorden del que presumo me han hecho estar fuera de sus pantallas.

Estos días he pensado mucho sobre la cuál es la motivación que me empuja a salir a luchar cada día. La verdad es que a lo largo de mi vida profesional mi motivación principal ha ido variando.

Cuando empecé sólo quería demostrar a mis padres que era capaz de salir adelante, pero pronto ese halo de libertad se convirtió en una necesidad de competir por ser el mejor del grupo. Cada junio llegaban las valoraciones de la multinacional y eso me hacía trabajar todo el año pensando en que debía ser el mejor.

Esa lucha por la excelencia logró que me ascendieran y un cliente me ofreciese ser su director general. Aquí, la motivación fue económica. Nunca más el dinero ha sido la bola de nieve que me ha motivado.

Cuando ya el dinero no era relevante, volví a querer ser reconocido, quería que la gente valorase mi trabajo y saber hacer y fue entonces cuando decidí volver a cambiar para ser director general de un grupo de comunicación, pensando que mi trabajo tendría una mayor visibilidad pública.

Pero tras dos años, me di cuenta de que no era buen empleado a pesar de ser el director general de grandes empresas. No era buen empleado porque si mi criterio no correspondía con el de los dueños no ejecutaba sus instrucciones.

En ese momento me costaba mucho encontrar una motivación, y fue entonces cuando decidí independizarme, ser mi propio jefe y emprender mi aventura personal, en la que yo pasaría a ocupar la propiedad de las empresas.

No me ha ido mal, pero lo mejor viene ahora; una vez que he conseguido estabilidad en mis empresas, mi principal motivación son mis hijos. Dejarme el alma por ellos, por ser un guerrero que luche por dejarles un futuro mejor y saber que todo lo que hago, bueno o malo, repercute en ellos. Quiero ser un ejemplo para ellos y ese es el trabajo más difícil que me ha tocado realizar.

Sé que eso nos pasa a todos los que somos padres, pero si todos nos parásemos un segundo y viésemos qué queremos ser, yo les diría que quiero ser un buen padre y si es posible un buen modelo de persona para ellos.

Juan Carlos Cabrera Labory

Fuente: https://cronicaglobal.elespanol.com/ecoonomia/opinion-ecoonomia/quiero-ser-guerrero_84194_102.html